Pensamiento y dispersión (segundo taller)

Sábado 4 de diciembre

Con Franco Ingrassia y Margarita Padilla

11.00 h. en el CSA La Tabacalera (sala del suelo bonito)

Asistencia libre

Todo el mundo piensa. Todo el mundo está pensando. Casi podríamos atrevernos incluso a decir que la propia vida contemporánea lo exige, porque la dispersión vacía por dentro el sentido de las respuestas heredadas. La necesidad de pensarlo todo de nuevo se impone. Pero la dispersión supone también la fragmentación extrema de los mundos: da la impresión de que las prácticas políticas, sociales, filosóficas o artísticas son completamente extranjeras las unas a las otras. ¿Cómo hacemos circular lo que pensamos, cómo lo compartimos, qué podría significar “pensar juntos”? En este taller, conversaremos en torno a una propuesta de Margarita Padilla: pensar qué sería hoy un thinkinglab”, una factoría de pensamiento, un procomún de pensamiento.

Referencias y apoyos:

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3 Responses to Pensamiento y dispersión (segundo taller)

  1. amadorfs says:

    “Estamos viendo cómo politizarse es atravesar una crisis radical de todos los modelos que hemos heredado para organizar la vida. Si bien la pregunta de la época, para todo el mundo, es qué hago con mi vida, parece que los procesos de politización eleven a la enésima potencia la radicalidad de esta pregunta ya que después de haber luchado las respuestas obvias ya no tienen cabida.

    Precisamente porque todos los modelos han entrado en crisis, mucha gente, muchas experiencias, están pensando: ¿Qué hago con mi vida, qué sé hacer, de dónde sale el dinero, cuánto valen las cosas, cómo tomar las decisiones, qué es una buena vida…? Se palpa la necesidad de repensarlo todo de nuevo.

    Pero, ¿sabemos cómo pensamos? ¿Sabemos cómo se produce pensamiento? Hace poco visité una factoría de arte visual que ofrecía a los artistas espacios, equipamientos, estudios, programas de residencias, materiales, talleres para adquirir distintos saberes necesarios. Es decir, ofrecía las condiciones materiales para producir arte visual. ¿Sabemos nosotros lo que se necesita para pensar, las condiciones materiales del pensamiento? ¿Qué elementos compondrían un dispositivo que facilitase pensar, una factoría de pensamiento?”

    Margarita Padilla, “Invitación a pensar un thinkinglab (o algo así…)”

  2. amadorfs says:

    Creación conceptual

    Lo que intentamos es poder imaginar conceptos que sean una abstracción de lo que pensamos a partir del núcleo problemático. Y que esto posibilite que el concepto pueda ser usado en otros espacios, que devenga una herramienta de pensamiento.

    En este proceso los integrantes del laboratorio nos reunimos, tomando el núcleo problemático como disparador de conversaciones en las que comenzamos a balbucear posibles conceptos, notas criticas, metáforas, observaciones, generando así un caldo de cultivo, que propicia la creación.

    Después cada uno de los integrantes toma un vector con el cual se haya sentido afectado y lo vuelve el eje de su producción singular. Como de consecuencia de ese proceso lo que va tomando forma es un texto, que retornara al ceno del colectivo para ser discutido, reforzado, coloreado, trastocado, aumentado, desarmado. El texto así deconstruido en la socialización grupal será retomado por el integrante que lo desplegara en una nueva composición, hará de eso un nuevo texto.

    Este proceso de socialización – singularizacion se lleva a cabo hasta que tanto el integrante como el resto del colectivo decidan que el texto esta listo para ser puesto en circulación y a disposición de todo aquel que se vea interesado”

    “Propuestas para un laboratorio teórico”, Universidad Experimental

  3. anónimo says:

    Lo esencial son los intercesores

    “La filosofía, el arte y la ciencia mantienen relaciones de mutua resonancia, relaciones de intercambio, pero por razones intrínsecasn en cada caso. Unos repercuten en otros en función de su evolución propia. En este sentido, hay que considerar el arte, la ciencia y la filosofía como líneas melódicas ajenas unas a otras, pero que no dejan de interferirse. […] Es preciso comprender que las interferencias de estas líneas no derivan de una vigilancia o de una reflexión mutua. Una disciplina que tuviese por misión seguir un determinado movimiento creativo procedente del exterior estaría abandonando, al hacerlo, toda actitud creativa. Nunca ha sido más importante seguir los pasos del vecino que hacer cada uno sus propios movimientos. Si nadie empieza, nadie se mueve. Las interferencias ni siquiera son intercambios: todo tiene lugar mediante regalo y captura.
    Lo esencial son los intercesores. La creación son los intercesores. Sin ellos no hay obra. Pueden ser personas -para un filósofo, artistas o científicos, filósofos o artistas para un científico-, pero también cosas, animales o plantas, como en el caso de Castaneda. Reales o ficticios, animados o inanimados, hay que fabricarse intercersores. […] Yo necesito mis intercesores para explresarme, y ellos no podrían legar a expresarse sin mí: siempre se trabaja en grupo, incluso aunque sea imperceptible. Tanto más cuando no lo es: Felix Guattari y yo somos intercesores el luno del otro.”
    (en Deleuze, Diálogos, ed. pre-textos, págs. 199-200)

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